DOLOR
ASOCIADO A INFECCIÓN
POR HERPES ZOSTER
por Dr. Luciano Juri y Dr. Fabián de Rosa
Introducción:
El Herpes Zoster (HZ) es una enfermedad caracterizada
por dolor radicular unilateral (de una raíz
nerviosa) y una erupción cutánea vesicular
que por lo general se limita a la zona de piel inervada
por la raíz nerviosa comprometida. Resulta
de la reactivación de una infección
endógena por el virus Varicela Zoster (VZV)
que ha persistido en forma latente dentro de los ganglios
sensoriales (raquídeos o craneales) después
de un ataque anterior de varicela.
Un síntoma importante de HZ es el dolor que
precede y acompaña al exantema característico
y que con frecuencia persiste después que el
mismo ha desaparecido, complicación conocida
como neuralgia posherpética
(NPH).
El dolor de ambas fases (aguda y neuralgia posherpética)
es muy intenso y tiene una repercusión muy
importante en la calidad de vida, lo que explica la
gran morbilidad del HZ.
Generalidades:
El HZ afecta a la mitad de las personas por encima
de los 85 años de edad.
Muchos casos se autolimitan, pero el dolor puede
llegar a ser causa significativa de sufrimiento
conduciendo a largos períodos de morbilidad.
Los síntomas pueden interferir bastante con
el sueño, el apetito, o en la actividad sexual,
sumándosele a todo eso que un porcentaje
considerable de pacientes puede desarrollar una
neuralgia posherpética y continuar con dolor
por meses o años luego de la resolución
del exantema.
La posibilidad de infección por HZ agudo
se incrementa con el deterioro del sistema inmunitario,
pudiendo ser debido a edad avanzada, enfermedad
o quimioterapia.
La incidencia de HZ entre gente sana por debajo
de los 20 años de edad es de aproximadamente
1 en 1000; la misma se hace 5 a 10 veces más
probable para aquellos por encima de los 80 años.
En forma similar el desarrollo de NPH se ve incrementada
con la edad, ya que casi hasta de un 70% de pacientes
no tratados por encima de los 70 años persistirán
con dolor. Además, la edad avanzada se asocia
a persistencia de síntomas y severidad de
los mismos (aproximadamente la mitad de pacientes
mayores de 70 años reportan aumento del dolor
en el último año de enfermedad).
En contraste, el riesgo de sufrir NPH no se ve incrementado
en individuos inmunocomprometidos, no así
la incidencia de infección aguda por HZ siendo
mucho más común y severa en síntomas
en aquellos pacientes portadores de enfermedades
que deterioran la inmunidad celular como la infección
por HIV, linfomas, tratamientos antineoplásicos,
drogas inmunosupresoras en pacientes transplantados,
y también el uso de esteroides.
Así desde una perspectiva patogénica
y terapéutica, es necesario distinguir cuanto
menos tres fases en la infección por HZ:
1. Prodrómica
2. Fase Aguda (desde el inicio
del exantema hasta la curación)
3. Neuralgia Posherpética
(NPH). Esta complicación se caracteriza
por tres tipos de dolor:
a) dolor profundo, espontáneo
quemante
b) dolor espontáneo intermitente,
lancinante o punzante
c) dolor disestésico provocado
por estímulos normalmente innocuos, como
el tacto leve o la exposición al frío
(alodinia) y que duran mucho más tiempo
que el estímulo (hiperpatía).
El HZ agudo comúnmente se caracteriza por
la aparición de un rash en un grupo cerrado
de vesículas con eritema de base, casi siempre
unilateral que afecta uno o dos dermatomas (territorio
cutáneo inervado por una raíz nerviosa).
Los más frecuentemente afectados son los
torácicos en un 50 a 55% de los casos, le
sigue el compromiso lumbar con aproximadamente el
13%, el cervical entre un 11 y un 14%, y los nervios
craneales aproximadamente entre el 12 y el 14% (10
al 15% de los casos corresponde a la rama oftálmica
del nervio trigémino).
Progresión del cuadro clínico:
La primera manifestación (pródromos)
en muchos pacientes es el dolor, especialmente en
personas de edad avanzada, y usualmente precede
a la erupción de la piel por algunos días
o semanas. En 60 a 90% de las personas con HZ y
capacidad inmunitaria normal, el exantema se acompaña
de dolor, siendo raro en los más jóvenes
(90% de pacientes mayores de 60 años).
Se describe agudo, en puñalada, punzante,
terebrante, taladrante, caliente; pudiendo ser constante
o intermitente. Cabe señalar además,
que unos cuántos pacientes experimentan esta
neuralgia segmentaria aguda sin desarrollar nunca
la erupción cutánea, manifestación
conocida como zoster sin herpes.
Un aumento concurrente del título de anticuerpos
de VZV comprueba que esos episodios de neuralgia
se deben a la reactivación del virus latente.
Aunque existen severas complicaciones del
HZ (oftálmicas, esplácnicas,
cerebrales, motoras) la más común
en adultos inmunocompetentes es la NPH, definida
como el dolor que continúa meses
o años después de que el rash ha curado.
Aunque ha sido definida en diversas ocasiones, los
datos más recientes sostienen la siguiente
clasificación:
NPH aguda es la que aparece dentro de los
30 días de comienzo del rash
NPH subaguda se hace presente entre
los 30 y 120 días después del rash
NPH definida como el dolor que
va más allá de los 120 días
desde la aparición del rash.
Los factores de riesgo más evidentes para padecer NPH son la edad avanzada,
dolor severísimo durante el episodio agudo,
rash severo, dolor prodrómico en el dermatoma
afectado antes de la aparición de las vesículas.
Los pacientes con todos esos factores, tienen entre
un 50 y 75% de riesgo de persistir con dolor seis
meses después de haber aparecido el exantema.
Más del 90% de las personas que sufren NPH
refieren dolor con el suave contacto de la ropa
(alodinia), además de áreas de anestesia
y déficit térmicos, táctiles
y de sensación de vibración que involucra
los dermatomas afectados.
La NPH a menudo se presenta como dolor que nunca
se resolvió, posterior a un episodio de zoster
agudo. Raramente ha sido reportada que ocurra meses
o años después de la resolución
del evento inicial. Dichos episodios ocurren respetando
la distribución del rash inicial, y son precipitados
por eventos específicos que deterioren la
inmunidad.
Origen del dolor: El dolor agudo
probablemente es producido por la inflamación
asociada con el movimiento de partículas
virales desde los nervios hacia la piel y los tejidos
subcutáneos, y por el daño causado
a dichas estructuras nerviosas. De esta forma la
actividad de las aferencias de neuronas primarias
que responden al daño tisular causan cambios
en el cuerno posterior del asta dorsal medular,
sensibilizando la entrada de impulsos dando como
resultado una actividad espontánea constante
capaz de mantener dolor en ausencia de continuo
daño tisular. La lesión aguda en el
ganglio periférico y las neuronas en el ganglio
sensorial produce una “andanada de señales”
aferentes que, además de causar dolor prodrómico
neuropático, induce cambios prolongados en
la fisiología de las neuronas de segundo
orden del asta dorsal medular. Estos cambios, muchos
de los cuáles son mediados por la liberación
de aminoácidos excitadores en particular
el glutamato que activa los receptores N-metil-D-aspartato
(NMDA), incluyen alteraciones en la expresión
de genes y sensibilización central (Wind
up), es decir inducción de un estado hiperexcitable
caracterizado por umbrales de reacción disminuidos,
desencadenamiento prolongado de impulsos y descargas
espontáneas.
La persistencia de esta respuesta podría
explicar la continuidad del síntoma en la
NPH.
Tratamiento de la infección por
HZ y prevención de la NPH
El tratamiento de la infección por HZ incluye
además de la terapéutica instaurada
en fase aguda, la prevención del desarrollo
de la NPH. Los pacientes deben recibir tratamiento
de los síntomas en dicha fase debiéndose
considerar la severidad de los mismos y la valoración
de los factores de riesgo existentes. En menores
de 50 años la terapéutica es en gran
parte sintomática, ya que la gran mayoría
de los mismos resuelven sin tratamiento específico.
Resulta importante destacar, que personas por encima
de esa edad, sin tener en cuenta otro tipo de factor
de riesgo, poseen grandes chances de desarrollar
la neuralgia posherpética; por lo que se
les debe ofrecer tratamiento.
Para inhibir la replicación del virus Varicela
Zoster (VZV) se utilizan agentes antivirales como
el aciclovir, famciclovir, y valaciclovir, que aceleran
la curación del rash y reducen la severidad
y duración del dolor agudo por la atenuación
de la severidad de la infección aguda y del
daño neural (que es la causa que determina
la NPH).
Otro gran tema de debate son los corticoides. No
se recomienda usarlos en forma aislada, pero en
combinación con la terapia antiviral (cuidando
siempre que no haya contraindicaciones) acelerarían
el retorno a la calidad de vida premórbida
en pacientes con alto de riesgo de sufrir NPH.
No obstante, una gran parte del tratamiento es el
control de los síntomas por lo que el uso
de AINEs y en algunos casos de opioides fuertes,
es necesario.
Antivirales: Interfiere en la síntesis
de ADN viral afectando en forma temprana su replicación
y acelerando el proceso de curación. Sin
embargo la eficacia de estas drogas en la prevención
de la NPH es aún incierta. Existen serios
estudios randomizados placebo controlados, demostrando
que tanto aciclovir, famciclovir, y valaciclovir,
tienen efecto significativo sobre el dolor causado
por HZ en fase aguda. Las tres drogas reducirían
el dolor durante los primeros días de tratamiento.
Un análisis de cinco estudios clínicos
concluyeron que el tratamiento con 800 mg/día
de aciclovir por vía oral iniciado en las
primeras 72 hs. de aparición del exantema,
puede disminuir la incidencia de dolor residual
a seis meses en un 46% de adultos inmunocompetentes.
La adecuada prescripción de aciclovir en
el HZ agudo es de 800mg 5 veces por día por
7 a 10 días.
Corticoides: Han sido utilizados
con el fin de reducir la incidencia o duración
de la NPH. Existen varios estudios que no pudieron
demostrar la posibilidad de ese beneficio.
Agentes tópicos: Se han
utilizado muchas terapias tópicas utilizando
antiinflamatorios con buenos resultados. Como el
zoster incluye procesos inflamatorios agudos, al
parecer dicha terapéutica sería una
conducta razonable. Si embargo la inflamación
no solo se encuentra en el nervio periférico,
sino también centralmente en el ganglio de
la raíz dorsal y en el asta dorsal medular.
Por consiguiente es posible que sean limitados los
buenos resultados de estas formas terapéuticas.
Además de los AINEs, otro de los fármacos
propuestos en esta modalidad terapéutica
es la capsaicina que por su capacidad irritante
genera una reducción de la sintomatología
local de entre un 33% y un 42% según la concentración
de la droga (ensayo practicado por Schuster en Honolulu).
Los anestésicos locales en forma de gel o
parches, pueden proveer alivio temporario de síntomas;
a menudo si son usados en combinación de
medicación por vía oral.
Se ha demostrado moderado beneficio con la aplicación
de un gel de lidocaína al 5% en el área
referida de dolor, al ser comparada con un vehículo
inerte.
Analgésicos sistémicos:
Pueden llegar a ser beneficiosos ya que al existir
un componente inflamatorio importante, resulta adecuada
la asociación de un fármaco antiinflamatorio
no esteroide más un opioide. Los resultados
han demostrado efectividad sobre todo en pacientes
no complicados con dolor de intensidad moderada.
La utilización de medicación opioide
es razonable en los casos que derivan hacia NPH
y en aquellos que mostraron resistencia otras terapias
farmacológicas y no farmacológicas.
Bloqueos simpáticos: Si
bien de todos los tratamientos postulados es el
que más controversia presenta; está
visto que el bloqueo simpático con anestésicos
locales proporciona alivio del dolor en agudo, no
siendo igual de eficaz en la NPH.
Acupuntura y la Electro-acupuntura: Son
herramientas adecuadas que complementan y suplementan
el tratamiento del dolor, tanto en la fase aguda
así como en el tratamiento y rehabilitación
de la neuropatía posherpética; ampliando
el abanico terapéutico
Prevención y manejo de la NPH.
La secuela más temida del HZ es sin lugar
a dudas la NPH. El 20% de pacientes mayores de 50
años de edad, continúan acusando dolor
a los seis meses posteriores al exantema a pesar
del tratamiento antiviral instaurado.
Establecida, la NPH puede llegar a ser intratable
y conducir a un sufrimiento crónico que interfiera
en todos los actos cotidianos de una persona. Más
allá de cualquier terapéutica elegida
deberá incluirse la asistencia psicológica,
como también la necesidad de consejos claros
con respecto a su padecimiento que contengan a la
persona en cuestión. La combinación
de terapias es lo más comúnmente observado
para abordar los múltiples mecanismos supuestos
de dolor neuropático.
Antidepresivos: Se ha comprobado
que los antidepresivos tricíclicos (ATC)
son útiles en diversos estados de dolor neuropático,
en especial cuando tiene una calidad disestésica
o ardorosa prominente. Estas drogas inhiben la recaptación
de norepinefrina y serotonina en el sistema nervioso
central potenciando las vías de control de
dolor del propio paciente.
Drogas analgésicas: Los
analgésicos suaves como la aspirina u otros
AINEs, tienen valor limitado en pacientes con dolor
herpético agudo o NPH. Los opioides resultan
ser más efectivos dada su mayor potencia
analgésica y pueden ser combinados con otras
medicaciones para mejorar el manejo de los síntomas.
Anticonvulsivantes: Estos fármacos
son muy utilizados sobretodo en el dolor de características
neuropáticas. El daño neural que ocurre
con el HZ origina impulsos espontáneos y
ectópicos en los segmentos dañados.
La carbamacepina y gabapentina son usados con buenos
resultados.
Técnicas neuroestimuladoras: Varias
publicaciones indican la eficacia de la estimulación
eléctrica transcutánea (TENS). Aunque
no se comprende bien el mecanismo de analgesia,
se piensa que la estimulación de alta frecuencia
y baja intensidad, actúa por activación
selectiva de aferentes mielinizadas grandes, que
inhiben la transmisión del dolor por el asta
dorsal. En contraste la estimulación de baja
frecuencia y alta intensidad produce analgesia prolongada
reversible con naloxona.
Conclusiones
En este apartado se enumeran las premisas a tener
en cuenta en los casos de HZ agudo (incluida la
neuritis herpética aguda) y NPH. El tratamiento
antiviral temprano (no más allá de
las 72 horas de aparición del rash) reduce
la diseminación del virus, acelera la resolución
y curación del exantema, disminuye el dolor
en fase aguda y también puede reducir la
frecuencia de NPH, aunque esto no se ha establecido
con claridad.
El Aciclovir está indicado en dosis de 800
mg cinco veces al día; el famciclovir en
dosis de 500 a 750 mg tres veces al día;
y el valaciclovir 1000mg también tres veces
al día. Ninguno de los fármacos mencionados
demostró ser superior con respecto al otro.
Cualquiera de los antivirales deberá ser
administrado durante un lapso de 7 a 10 días
por vía oral en individuos inmunocompetentes.
Los antivirales tópicos no tienen lugar alguno
excepto como coadyuvantes de la terapia antiviral
sistémica en la afección ocular.
Con respecto a los ATC deben ser comenzados en todos
aquellos pacientes con dolor agudo moderado a severo.
Todos demostraron igual eficacia para causar alivio
en etapa aguda. La desipramina es mejor tolerada
por los individuos de edad avanzada y podría
ser la droga de elección en dicha población.
Dosis progresivas escalonadas durante un período
de dos semanas, pueden requerirse para obtener el
máximo beneficio. Una dosis de comienzo en
forma general sería de 10 mg en una sola
toma nocturna. Los individuos con antecedentes anginosos
o que evidencian prolongación del intervalo
QT, deberán estar en óptimas condiciones
antes de considerar el tratamiento con antidepresivos
tricíclicos.
La terapia opioide puede iniciarse con cualquiera
de los fármacos disponibles en este rubro;
el efecto analgésico óptimo será
mayormente alcanzado con dosis administradas a intervalos
regulares preestablecidos, no “según
necesidad”.
Los opioides y ATC aparecen como los fármacos
que aportan mayores beneficios. Generalmente son
administrados simultáneamente puesto que
los tricíclicos no causan alivio efectivo
de forma inmediata; frecuentemente a estos se les
atribuye el mejoramiento en el sueño y combinados
con opioides derivan en un significante decremento
del dolor y mejoría del estado de vida cotidiano.
Entre ambos producirían un importante efecto
analgésico evidenciable en la primera semana
de tratamiento. La terapia con corticoides debe
ser considerada en aquellos pacientes que ven alterada
su calidad de vida, se encuentran condicionados
por el dolor en agudo, y por ende no posean contraindicación
alguna para recibirlos. Deben ser utilizados en
combinación con la terapia antiviral y en
aquellos individuos mayores de 50 años, ya
que son los que presentan riesgo aumentado de desarrollar
dolor prolongado en el tiempo. La terapéutica
sugerida se mantendrá durante tres semanas;
con prednisona por vía oral 60 mg/día
la primera semana; 30 mg/día la segunda;
y 15 mg/día la tercera. Aunque es posible
que la adición de dosis altas de corticoides
a la terapia antiviral confiera el beneficio adicional
de una curación acelerada temprana del exantema,
más una disminución en la incidencia
y gravedad del dolor agudo, no parecen tener efecto
importante sobre la incidencia, intensidad, o resolución
de la NPH.
En aquellos pacientes en los cuáles no se
evidencia respuesta satisfactoria con las terapéuticas
antes mencionadas, debería considerarse el
bloqueo nervioso en forma temprana; considerando
siempre que se encuentre libre de contraindicaciones
en la región afectada. Ya sea en forma intermitente
o en infusión continua, ambas modalidades
son igual de efectivas pudiendo calmar el dolor
en forma más profunda y prolongada.
El gel de lidocaína puede ser también
considerado para proveer alivio. Los drogas anticonvulsivantes,
particularmente la gabapentina, pueden ser adicionadas
si el alivio no es completo con las medidas adoptadas.
También la lidocaína sistémica
puede ser ensayada con el objetivo de saber si el
dolor es sensible al bloqueo de los canales de sodio.
En todos los casos la modulación del dolor
obtenida por la acupuntura (en su forma tradicional
y/o como electroacupuntura), es un complemento terapéutico
invalorable al momento de aliviar el sufrimiento
del paciente.
Como comentario final se puede decir que, cuánto
más temprano se inicie el tratamiento mejor
éxito se tendrá en el alivio del dolor
agudo y se disminuirá la chance de padecer
NPH.
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Luciano Juri
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